Me siento como cuando te bajas de la combi pero tu cuerpo se queda arriba, y ahí anda tu alma muy desnuda y tristeando por la vida porque no tiene cuerpo, al cual después de que la gente en la combi no le vio alma pues lo fueron a tirar allá por las vías del tren, donde unos perros a los que les gustan los cuerpos sin alma se lo andan comiendo. Entonces ya mi alma se siente conciente de que pronto volverá a tener cuerpo porque ya sabe dónde está (por las vías), pero imagina cómo se ha de concebir de que se va a enfundar en un contenedor medio arañado, maltratado, con la panza y los intestinos mordisqueados y quién sabe si esos pinches perros ya se comieron hasta mi corazón.
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Y soñaba aquellas noches con hojas secas cayendo sobre mí…
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Como cuando ibas brincoteando feliz por el camino amarillo, silbando y maravillado en todo momento por lo hermosa que es la vida, “gracias”, gritabas a los vientos “gracias por esta vida y por todas las vidas”, bebías la brisa delicada del amanecer y la miel que amables te reglaban las abejas, dormías bajo las estrellas que te contaban sus historias de lejanos y añejos reinos, “gracias”, repetías en tus sueños “gracias por esta vida y por todas las vidas”…
Y un día de pronto a lo lejos ves a algún hijoeputa que está barriendo sobre el camino amarillo, ahí es cuando sientes esa punzada en el estómago que nunca antes habías conocido pero cuyo dolor no puedes dejar que te tire al piso porque aún tu fuerza y la esperanza que albergas en tu corazón es más grande que tu vida y que todas las vidas. Así comienzas a gritarle mientras corres hacia él, “¡hijoeputa para! ¡para cabrón, por el amor de Dios!” y te acercas ya arrastrándote casi desfalleciendo, apenas sollozando, “para… por favor, cabrón, para…”, y llegas hasta él únicamente para darte cuenta de que efectivamente, ese fulano estaba barriendo el camino amarillo, y ahora todo lo amarillo del camino ha quedado desparramado por ningún lado; y todavía el sujeto te mira parado muy derechito escoba en mano sin decir nada porque donde debería tener boca no tiene más que vacío.
Tú hincado ya sin fuerzas en el piso también lo miras un segundo, “no vale la pena”, piensas… El fulano sin boca sigue barriendo tu camino amarillo, y mientras el polvo amarillento se levanta por todas partes algunas partículas se van a pegar en tus mejillas humedecidas por las profusas lágrimas que amargan tu sonrisa, lo único que puedes hacer es mirar el horizonte, donde ya no hay más camino.
De pronto el sol ha desaparecido, te das cuenta de que nunca ha existido. Las flores fueron devoradas, la humedad crece y trasforma la hierba en un lodazal apestoso, la fruta de los árboles se marchitó hace años y ahora yace podrida en el suelo, la noche hizo su aparición sin que apenas te dieras cuenta, algunas sombras se mueven esquivas entre la mierda, parándose unos segundo para contemplar tu desdicha con esos terribles ojos brillantes; te das cuenta de que estás desnudo hasta que el viento frío comienza a calar tus huesos, tus músculos y tu piel, ahora te descubres adolorido por el largo viaje, cansado como jamás lo imaginaste.
El miedo y la desolación comienzan a trepar por tus pies como enredaderas y sientes cómo te aprisionan y se hacen fuertes sobre tu creciente debilidad, tus parpados se hielan, igual que tu corazón. Ya no lloras porque no tienes más lágrimas dentro de ti, tus huesos sobresalen sobre tu piel escamosa y arrugada, tus órganos también comienzan a perder la humedad, el cerebro piensa cada latido antes de poder latirlo, tu corazón ya no siente alegría.
Sigues postrado en el mismo sitio, comienzas a dudar si algún día fuiste feliz, ni siquiera te crees capaz de definir esa palabra, “felicidad”; has olvidado el camino y la deliciosa miel y el fresco rocío, tu mirada se estrecha, aumentan las tinieblas. Percibes que alguien se acerca, es el sujeto sin boca que se planta erguido, alto y fuerte frente a ti, ambos se contemplan, sin pensarlo más, él se toma con ambas manos el lugar donde debería de tener boca y comienza a estirar su vacío, algo se desgarra en su rostro, sus uñas cortan la piel, sangra profusamente, logra abrir un agujero donde debería ir la boca, tose un par de veces escupiendo sangre, y se inclina hacia ti, entre sonidos guturales comprendes lo que te dice
-Nunca ha existido Ciudad Esmeralda… no hay ningún mago, no hay camino. Nunca ha existido nada…
El sujeto se da media vuelta y se pierde entre la bruma que poco a poco comienza a abrasarte… Ya no piensas, ya no puedes dar gracias por tu vida ni por todas las demás… dejas que ese abrazo te consuma lentamente, ni siquiera un grito, un lamento, ni siquiera polvo sobre el polvo…
…
“Sigue el camino amarillo, sigue el camino amarillo
Siempre, siempre, siempre, siempre sigue el camino amarillo
Siempre el ladrillo, siempre el ladrillo, siempre el ladrillo amarillo
Y ahora caminemos al mágico mundo de Oz
De allá pa' aca, de aquí pa allá, andando se llega a Oz
Ahora es la hora, después tal vez,
cuando llegar, llegar tu ves, a Oz,
El mago te va a llevar a Oz
Y ahora caminemos al mágico mundo de Oz”
…
Mas o menos así van las cosas...