miércoles, 7 de octubre de 2015

Gravedad

Ya sé que no te importa mi vida, y que sólo vives para ti, pero necesito contarte algo que me está pasando y no sé qué hacer…
Hoy desperté durmiendo pegado al techo, desnudo y con frío en los huesos apenas sin darme cuenta; el velador tocando a mi puerta me regresó a la realidad… ¡Estaba durmiendo flotando! Carajo, estaba pegado al techo de mi habitación.
Supongo que en algún momento de la noche mi cuerpo dejó de tener gravedad. No pude salir a pagarle al velas, por si luego te cobra a ti; mientras él insistía sólo podía arrastrarme en mi techo, por dentro. Tengo que decirte que me oriné de puro pinche miedo, pero lo hice en el rinconcito del cuarto donde no tenemos nada, apenas alcancé a salpicar el calzón usado que dejaste tirado antes de que te fueras.
Ya sé que no me crees, y pensarás que sólo busco llamar la atención como siempre, pero no es así, en este momento son las doce del día, han pasado cuatro horas y después de gritar desesperado a mis vecinos (sin respuesta), con las mancuernas que nunca uso y unas vendas, pude generar un sistema que me permite bajar un metro y medio al suelo, lo suficiente para poder encender mi computadora, que dejé en el escritorio la noche anterior, y escribirte… además no tengo saldo y no pague el internet, seguramente pronto estaré incomunicado, puedo estar diciendo pendejadas, pero estoy desesperado, ojalá que pronto veas este mensaje y puedas venir, tengo mucha hambre, pero también tengo miedo de bajar las escaleras, no he salido del cuarto
[√ Visto: 12:16]
Me acabo de cagar en el mismo rincón donde oriné, ya no aguantaba más.
Ojalá puedas venir, no puedo seguir flotando, ¡¡ayúdame!!

[√ Visto: 13:01]

domingo, 12 de abril de 2015

Hacer el amor en casa

Tenían una manera muy extraña de quererse.

Cuando ambos estaban ya en casa,
ella se tomaba un somnífero y él dos mezcales,
entonces juntos se iban a la cama,
y sus sueños eran tan profundos
                como el amor que se tenían…

sábado, 7 de marzo de 2015

Los ecos no se equivocan

Puede que no sea algo muy racional lo que les voy a contar, pero sé que es absolutamente necesario que se los haga saber, ¿por qué? no tengo ni la más remota idea, son de esas cosas que se saben y se sienten sin la necesidad de un sustento, algo así como la fe. Entonces me dejo de rodeos y les platico lo que me sucedió.
Ayer por la noche cuando llegué a casa me encontré con un eco perdido y resonando en mi habitación. Sí, un eco. Andaba rebotando de aquí para allá a una velocidad que si bien no era mucha, sí era más de la permitida dentro de mi casa, así que desde un principio me sentí un poco agredido, además mi cuarto es muy pequeño y un eco rebotando en un espacio tan reducido puede ponerlo a uno medio nervioso.
Me senté en una esquina de mi cama para deliberar qué podía hacer, ya que personalmente nunca me había topado con algo semejante. Igual llegó como una bala para matarme y no me encontró, pensé, así que decidió instalarse cómodamente y esperar por mí. Yo creo que cuando llegué estaba descansando un instante, porque no le escuché hasta un par de segundos después de que entré al cuarto. Por otro lado, posiblemente venía del extranjero, ya que después de estar un ratito escuchándole, me di cuenta que no era así que usted diga un eco castellano.
Y si bien por todas las habladurías de la gente sobre los ecos y sus servicios como asesinos, yo esperaba lo peor, eso no sucedió, aunque ahora es evidente puesto que estoy aquí. Lo que sí ocurrió inevitablemente después de varios minutos fue que me desesperó completamente, así que por fin me decidí por la opción más a la mano y que estúpidamente no se me había ocurrido, me levanté y abrí la ventana que daba hacia la calle esperando que se marchara, un viento frío me dio de lleno en el rostro haciéndome cerrar los ojos un par de segundos, momento que éste aprovechó para largarse.
Me quedé por fin sólo, en silencio y un poco confundido por la extraña situación. Mientras el eco se fue a perder a otras casas y sólo me dejó un cristal roto, deduzco que fue su manera de entrar, a manera de pedrada, aún ahora creo que, aunque muy asesinos, deberían de tener más modales.
Bien, pues yo no sé en realidad cuánto pueden viajar los ecos sin perder la vida completamente, me habían contado que algunos cuando se transportan en primera clase pueden vivir semanas enteras. El que yo me encontré en el cuarto ya se notaba algo cansado, como que apenas resonaba, al ver que no me hacía nada le habría invitado a tomar algo, pero la verdad me sentí cohibido, además no sé si era un eco bilingüe para que me entendiera: “mi, no hablar, eco-eco-eco-co-co…oo…” le hubiera dicho. No lo hice.
Para mi sorpresa, hoy cuando llegué a casa para comer, me encontré con que había mucho bullicio de patrullas y médicos en la casa del vecino portugués, quien supuestamente se había quitado la vida, o se la habían expulsado, me enteré cuando pregunté a la señora Fulana que siempre se entera de todo lo que pasa en la colonia; inmediatamente pensé en el eco perdido que se había metido a mi cuarto, supongo que alguien lo mandó para matar a mi vecino y el eco muy irresponsable debió haber perdido la dirección, así que por un mal calculo y un poco el descuido, por poco y no estaría yo contándoles esto. Lo bueno del asunto es que yo no hablo portugués, tal vez me preguntó cosas para confirmar su objetivo y al verme como menso sin saber qué pasaba, se dio cuenta de su error.

Los polis me hicieron algunas preguntas de rutina, pero no dije nada de lo que aquí les he contado, así que les pido discreción. Imagínense qué hubieran pensado, que yo mentía y que seguramente tenía algo que ver con la muerte de mi vecino portugués, ya que todos sabemos que es imposible que un eco se equivoque de destino.

Nada

- Y entonces…
- Entonces qué
- Entonces qué quieres
- Seguir
- Debes ser más específico
- No debo, tú quieres que sea más específico, yo sólo quiero seguir

sábado, 7 de febrero de 2015

Las letras. A manera de (re)presentación


Cuando escribo, puedo sentir mejor.

Recontextualizando, a esto me dedico: Las Letras.
(Retomo unas letras viejas para amenizar)

Era ya muy tarde y yo seguía con tantas letras entre los dedos. Salí a fumarme un cigarrillo para ver si a esas letras les salían alas y se marchaban volando junto con las palomillas nocturnas, buscando en el faro de la calle algo de esa luz que yo ya no tenía.
Pero ni alas les salieron y sí por el contrario, se llenaron de patitas y como hormigas corrieron por mis brazos mordisqueando hasta mi pecho. Entré desesperado y me lavé manos, brazos y parte de mi torso, donde ya sentía escozor. Demasiado tarde.
Opté entonces por tomar una ducha de agua fría, tal vez mi cabeza se enfriaría y las letras mojadas caerían una a una perdiéndose en la coladera. No fue así. De alguna manera pasó lo contrario, y cuando digo lo contrario me refiero a que de la coladera salieron más letras y treparon húmedas primero por mis sandalias, después a por mis pies y terminaron instalándose en todo mi cuerpo.
Para cuando terminé de secarme alcancé a mirar en el espejo mi espalda, las letras habían comenzado a organizarse en una especie de sociedad retórica y acampaban todas en pequeños grupos sobre mi columna vertebral.
Salí y me eché en la cama espalda arriba, ya que nunca he sido partidario de asesinar letras, mucho menos letras tan persistentes y tan revolucionarias. La opción que tomé fue apagar las luces de la habitación y quedarme a oscuras, ya fuera que me llegara el sueño perdido en el cansancio, o que eso mismo les pasara a ellas, las letras. Sería un final feliz. Al menos un final que me daría descanso momentáneo, ya que una de tan pocas verdades, es que no existen finales.
Pero ese ‘final’ tampoco sucedió. A los pocos minutos me di cuenta que habían comenzado a desprender lunares y pecas de mis hombros para encender pequeñas, diminutas hogueras, se reunían en torno a la luz y tal vez incluso ya se organizaba un parlamento para definir algún ataque próximo, o una excursión hacia mi interior entrando por oídos, nariz, boca o aún peor, por cualquier otro orificio que les permitiera el ingreso; aunque tal vez se reunían únicamente como una tertulia en la que cada letra en estricto orden alfabético podría expresar su opinión acerca de la situación, o recitaba algún verso, o relataba algún cuento, o cantaba, o se repetía a ella misma hasta el cansancio…
Ante tales cálculos tan imprecisos, no supe qué hacer. Sobrevino entonces, como siempre, el temor.
Temí por un momento que las sábanas de mi cama se incendiaran a causa de sus hogueras tan poco controladas de pecas y lunares, y todo esto culminaría con una catástrofe, la cual si bien pondría fin a esa sociedad de caracteres envalentonados que ya habían tomando mi cuerpo por suyo, también podría culminar con mi existencia y al otro día en los titulares de la prensa se leería, “hombre muere calcinado por sociedad de letras irresponsables” y como balazo “varias letras sobrevivieron inexplicablemente, entre ellas se logró identificar a varias A, E y algunas O, estas últimas se encuentran en estado crítico”.
En realidad nadie quiere eso, pensé, menos yo. Más porque uno puede ser tan insignificante que dicho suceso, a pesar de ser de enormes magnitudes literarias, por el simple hecho del individuo en cuestión, es decir su servidor, no aparecería ni en la gaceta más ruin del pueblo.
Es así como, no visualizando otra alternativa asequible, decidí, aún contra toda mi voluntad, que puede ser muy poca, y sin pensar tanto en los riesgos venideros, dar alojamiento de manera indefinida a estas letras que sabrá Dios de qué parte del mundo habrán llegado.
Claro está que tomamos esta resolución no sin antes llegar a un mutuo acuerdo bajo el cual ambos, letras a bordo y yo, intentaríamos coexistir de una manera respetuosa y por ende pacífica, ellas dejando de hacer fogatas con mi piel y pellizcándome por doquier, yo por mi parte sacándolas de manera cotidiana a pequeños paseos principalmente nocturnos, y brindándoles una posibilidad aunque limitada y poco fructífera, sí bastante funcional en el caso específico de formular con ellas palabras, enunciados, y si la relación funcionaba a la postrimería, tal vez hasta párrafos completos, donde ellas, obviamente, tendrían los papeles principales…



Es así de fácil como inicié una vez más, creando por obligación ética y moral, pero principalmente, por amor propio.