jueves, 31 de marzo de 2011

Cuando se me sale lo vivo que me queda



Caí en el profundo hoyo negro, ya no duele en mi… Pero quema como magma en mi interior, cada vena que recorre… en mi cabeza y luego algo ácido como mi alma agrietada; sí, me siento libre, tan libre como nunca me supe, pero no quiero sentirme libre, no ahora por favor. ¿Así que chingas a tu madre diciendo que nunca fui niño? Me retuerzo, gimo, chillo, araño, grito y me reviento mis tímpanos, ladro pero ya no me escucho afuera. Me escucho desde adentro, como si más que oír es pura pinche percepción. Una sola nota de piano que me acompaña desde aquí... la que tú quieras. Yo corría a los columpios pero nunca llegaba. Sólo que no puedo levantarme, como si un gusano que se arrastra… Siempre me llegó todo al cuello. Nunca tuve una tina dentro de mi baño… yo no sé nadar. Ya no importa, porque la gente que me ve desde allá, donde estás tú, no hacen nada; creen que con llorar me sacarán, creen que unas flores y algo de tierra terminarán conmigo… Ayer me raspé la rodilla porque me fui de bruces en la bicicleta, se me rompió un diente. Se me rompió el corazón… no, no era de algodón rosa o azul en la plaza. Tal vez sus lágrimas, si no fueran tan saladas, si fueran lágrimas de cuerda o mecate, tal vez así me servirían. No lo son. Son lágrimas como todas, de sal…

Mejor me sigo retorciendo, gimiendo, chillando, arañando, mejor me voy a sacar los ojos, no me sirve de nada que me traigas merteolate para mis heridas y pomada para que no me salga acné, sobre el hueso pelado no salen granos y tampoco sangres… tal vez un poquito de médula. Cuando le retorcías el pescuezo a las gallinas, las agarrabas y les dabas vueltas como matraca y siempre tronaban al principio, hasta que pufff. Vamos a cacarear.

Pero yo voy a seguir chillando, arañando, gimiendo y retorciendo mis huesos, de todos modos ya nadie me ve, yo no veo a nadie. Cuando apagabas la luz y yo escuchaba pasitos de brujas con pociones apestosas o pasotes de ropavejeros, también apestosos. Me cago de miedo. Ya no hay ojos, nomás unos huecos muy profundos, fríos y oscuros entre la oscuridad, y entre los gusanos que hacían ruido porque tenían rica fresca comida… pero ya no están. Ustedes se fueron cuando cumplí la mayoría de fracasos y dijeron que ya estaba grandecito.

Voy a seguir removiendo mi polvo, de todos modos no hay ni viento que me desaparezca, el polvo no hace ruido, mi polvo aún hace ruido.

Ya no queda polvo.
Tengo un vacío en el estómago. Mejor me voy volando, es bello andar por estos rumbos… toda la gente muy mona muy ausente, muy llena de nada.


lunes, 28 de marzo de 2011

me gusta la letra "Y", creo porque me recuerda a ti desnudita y de pie, frente a mí...

No me gusta ir a la cama con restos de música en la cabeza, o con letras urgentes entre mis manos… no me gusta, y sin embargo cuando me esperas tú ahí, lo hago sin pensármelo tanto, y entonces no me importa dejar los restos de música en mi cabeza ni las letras urgentes entre mis manos, porque en ti encuentro algo más… y prefiero ir a la cama contigo, y después regresar a la música, regresar a dejar las letras de mis manos entre letras de un papel que no es tu piel, y te dejo dormir mientras yo sigo vivo, y después regreso a ti una vez más vacío, sincero, abierto y fugaz… y tú me llenas una vez más, y me llevas a la cama y al suelo, y rodamos, y caemos y nos levantamos… y te duermes y entonces me duermo, dormimos, cada quién en su sueño, en su pesadilla, cada quién, individuos, como siempre lo somos, aun y cuando aseguras que en la cama tú y yo somos una sola cosa, aún y cuando yo te digo que sí para que tu entrega sea más profunda, y te miento, y lo hacemos los dos, y después te vas sin decir nada… y yo regreso a escribir y a la música en mi cabeza… y me quedo solo, con mis mentiras, con tus verdades… y te encuentro perfecta en el recuerdo, aunque sé que no lo eres, que no eres ni recuerdo ni eres perfecta… y escribo, y me quedo sólo, y me quedo vacío… y sé entonces, tengo la certeza de que muy pronto tú regresarás.


Porque soy cínico, y le tengo miedo al miedo que sientes de que te diga la verdad, y guardo silencio, y dejo de ser cínico por miedo, por tu miedo y el mío, por ambos miedos juntos que ya suena a mucho. Y me oculto, me encubro, me escondo, me simulo, me reservo… y corro la cortina, e imagino que me entiendes, que me sobrentiendo. Creo que ensordezco. Y me reservo la libertad de imponer el silencio, y paso, sufro, soporto, tolero, aguanto cuántos sinónimos… Y salto. Y te amordazo y te callo, y te obligo a guardar silencio (a guardarlo donde solo tú sabes)… y me expongo, me abro, y tú callada, ya sin miedo yo, tú sin miedo, me dejas ser el cínico inquebrantable que aseguro que soy, pero aun así, miento, por tu miedo y el mío juntos…


sábado, 26 de marzo de 2011

Sobre algunos de mis pesares…

Y es que a veces me preocupo por todas esas novias que no conocí, por toda esa gente que no existe, me obsesiono tanto por todos esos problemas que no han llegado (y por tener también la certeza de que no llegarán), me preocupo por los exadromitos, sí, esos extraños seres llenos de lenguas que nunca existirán y obviamente por sus depredadores naturales, las poderosas y asesinas inrrariquiesteras; me inquieta ese segundo rostro que no me está saliendo en el estómago, también el segundo 61 de cada no minuto… me quedo tan intranquilo y se me destroza el alma al recordar que he dejado un reino sin su Rey al decidir venir a estar con ustedes…

Incluso, y esto me turba admitirlo, me quema el recuerdo de todos esos días en el manicomio que irremediablemente han venido a marcar de forma fatídica el resto de mi existencia, esos envenenados días atado de pies y manos y boca y ojos y cara y tripas… esos días que muy a mi pesar, nunca sucedieron…

miércoles, 23 de marzo de 2011

deseo que la locura lo sea todo, no sé si podría soportar algo distinto


Maldición, ayer por la noche no podía conciliar el sueño… me exaltaba descubriendo pensamientos en mi cabeza de alguien que no era yo… y si alguna vez pensé que salirme de mi cabeza o cambiar la mierda que circula dentro de mí por la de alguien más sería lo mejor… ahora no sé qué pensar; es decir, creí que si llegaba a suceder algo semejante sería interesante, excitante, por qué no… Pero las cosas no pasaron así. Me levantaba asustado, no sabía lo que pasaba (ni lo que pensaba), ni siquiera sabía si eso realmente podía estar pasando…

Pues pasó, y sentí miedo.

Y esto se estuvo repitiendo durante más de dos horas, cerraba los ojos, y como encendido por un interruptor, automáticamente llegaban ideas a mi cabeza, no recuerdo exactamente de qué se trataban… sólo que eran enunciados, algunos incongruentes, otros tan congruentes que además de “idearlos”, era capaz de verlos, sentirlos incluso… y no eran precisamente de cosas… digamos agradables… eran cosas perturbadoras, que incluso a mí me asustaban…

¿Realmente podrá por fin estar pasando?  porque siempre he creído que tarde que temprano perderé el control de mi imaginación, que llegará un punto en el que la realidad y la ficción chocaran en un pequeño vórtice, generando una explosión o algo así en el que cada cual (la realidad y la ficción) tomará rumbos distintos, dejando a este cuerpo que habito y a esta cabeza que presume dominarlo con un paso vacilante, rayando en la locura… pero siendo sincero, siempre pensé que sería más tarde que… sí, temprano.

O acaso será posible… es que, es cierto, hay cosas que la capacidad del ser humano no puede ni podrá jamás comprender, de hecho tengo el firme convencimiento de que lo que la especie humana puede comprender es únicamente una porción realmente insignificante de todo lo que nos rodea… entonces… ¿podrá estar pasando? alguien, algo, de alguna otra parte (no quiero reducir este aspecto con límites humanos), está intentando suplantarme, tal vez intercambiar experiencias, tal vez preparándome para algún cambio. No creo que sea nada bueno, o tal vez es mi temor a lo desconocido, pero eso es normal… Un cambio… en realidad eso deja una posibilidad ilimitada de situaciones que se pueden desatar, pero es justo como me siento.

Si tan sólo pudiera tener alguna pista, algo sólido sobre lo que pudiera moverme… pero no, no tengo nada, todo es como si me moviera sobre alguna sustancia extraña. Todo suena tan falto de razonamiento lógico, pero, qué es lógico… tal vez sembrar la duda es un procedimiento que ese “algo, o alguien” necesita para lograr su objetivo sobre mí, cualquiera que sea ese “objetivo”.

No sé si hoy pasará una vez más. Por un lado (un lado risiblemente reducido) deseo que sí, que se repita una vez más… ese es el lado curioso, el lado que desea saber el por qué de las cosas, ese pinche lado que tal vez en algún momento me mate… y por el otro lado (que obviamente abarca la mayor parte de mi sentimiento), deseo que no vuelva a pasar. Nunca…

Ya veremos… si ese “cambio”, o cosa, o acción o situación o cualquier situación que pase, se hace realidad, espero estar lo suficientemente cuerdo como para registrarlo…

Justo ahora deseo que la locura lo sea todo, no sé si podría soportar algo distinto.

lunes, 21 de marzo de 2011

Charlas con Don Lázaro... (I)


(Fragmento):

Sabes, yo salía con una puta, o entraba, dependiendo de cómo lo veas… una puta con la que nos queríamos mucho, yo la quería más, porque todo el amor que yo le daba era únicamente para ella… pero, ya sabes eso de los oficios, ella en cambio tenía que repartir al igual que su cuerpo, su amor para con todos sus clientes, y mira que no eran pocos –me dijo don Lázaro mientras ríe felizmente recordando-, y tenía tanto, pero tanto amor, que yo siempre supe que había escogido bien su oficio de puta, le iba a la medida, como braga al culo, ya que de esta manera podía deshacerse de a poco de ese candente cariño, esa pasión y esas ansias de querer que, me imagino, le quemarían el cuerpo entero si no las dejaba salir así como lo hacía y al final la consumirían hasta los olores.

Así que de vez en vez, de cama en cama y de cliente en cliente, mi novia la puta dejaba escapar de a poco su profundo amor que le tenía a todo y a todos… poco menos a ella…

El caso es que disfrutábamos nuestras noches, ya que cuando ella se quedaba conmigo no atendía a nadie más hasta la siguiente luna, realmente le gustaba que le diera… muy buena puta… mi putita querida –y aquí hace una pausa mi elocuente compañero para suspirar tiernamente, sí, tiernamente como pocas ocasiones lo suele hacer-.

Y creo que realmente éramos felices, sabes, ninguno nos pedíamos más de lo que sabíamos podíamos darnos, yo le escribía algunos poemas y antes de marcharme se los leía, ella se quedaba en la cama, tan desnuda como nunca he conocido a nadie más, y me escuchaba atenta, creo que muchas veces no entendía lo que le decía, pero a ella las palabras después de coger le iban tan bien, la dejaban como recién bañada y más aún, hasta perfumadita, quedaba entonces como una princesa en plena y duce juventud… imagino al tipo que llegaba con ella después de dejarla yo así, siempre pensé regresar a la noche siguiente, para encontrarla aun santa, aun recién perfumada y como una princesa en “plena y dulce juventud”… pero no, simplemente me gustaba encontrarla como la encontraba, y ser como su salvador, su costurero personal, y la remendaba metiendo mi aguja y dejando mi hilo por aquí y por allá… zarandeándola, sacándole el polvo y la suciedad que acumulaba hasta que yo llegaba, y así hasta mi próxima visita…

Nuestra putesca, platónica y honesta relación duró poco menos de un año, y yo la quería cada vez más, y le daba cada vez más… por donde ella quisiera y como ella quisiera. Pero ella era una puta, y aunque yo creo que me quería más que a los demás, seguía siendo una puta, y si yo tenía relaciones con una puta, tal vez eso me hacía un puto, realmente eso no me importaba… pero ella era una puta… ¡¿sabes muchacho?!, “muchas veces uno sigue comiendo mierda y pensando que es nutritiva…”.

Cuando don Lázaro terminó de contarme esa anécdota con esta frase, me pareció sublime, algo realmente fantástico, aunque creí de momento que ya conocía esas palabras, decidí darle todo el crédito a él… lo dijo con una seguridad en los ojos, tan ufano como siempre, tan verdadero, muy a pesar de que ocasionalmente no decía las verdades completas y las remataba con otras mentiras a medias, o tal vez era al revés. Ahora recuerdo, esas palabras son de Jorge Bucay… pero tuvieron mayor y mejor resonancia dichas por don Lázaro, eso pasa muchas veces… alguien dice, piensa o escribe algo, alguien retoma lo dicho y lo hace sublime, y todos olvidamos al que lo dijo, pensó o escribió primero… así es la vida.

El hecho de que él fuera todo verdad, franqueza y sinceridad seguía incomodándome, pero al menos era reconfortante saber que no andaría con rodeos, que si le enfadabas no inventaría cosas para zafarse, que si le dabas lástima no ocultaría tu miseria… era mejor estar con él que con la demás gente, esos pobres tristes perros sin ilusión, ellos mienten casi todo el tiempo, como igual lo hago yo estando con ellos, tal vez esta es la razón de que me sentía bien charlando con don Lázaro, y me sentía un poco mierda estando con los demás… entonces la soledad se hacía un refugio, donde escapar de la verdad y la mentira, un estado neutro… entre don Lázaro, y los demás.

viernes, 11 de marzo de 2011

Cuando la miras y sonríes sin querer…


No la conoces, ella a ti tampoco, jamás en su vida se han visto y jamás lo volverán a hacer… pero por unos segundos eso no importa, su camino se ha cruzado y las miradas chocaron, ambos se contemplan y en Plaza de Armas no existe nada más que ella y él… cuando sonríen sin querer, sin darse cuenta; y se sorprenden dichosamente apenados únicamente cuando ambos reconocen su sonrisa en la del otro…

Ambos siguen su camino, ella no lo sabe, pero esa sonrisa “valió el hecho de haberme despertado un día más…” D:

domingo, 6 de marzo de 2011

shhhhh... callados todos... silencio, que vamos a morir


Estoy por cumplir un año menos de vida. Conforme pasan el tiempo (jodida palabra relativa), me doy cuenta de que es más (mucho más) fácil llegar a ser nadie, y más difícil, casi imposible, llegar a ser alguien… aún así, ese “casi” deja una posibilidad, que aunque remota, sigue siendo una probabilidad, así que me veo en la necesidad, en mi calidad de minusválido mental, de eliminar toda apariencia superflua e inalcanzable, aún mucho antes de ser concebida. Y qué es lo que me queda. La única puta opción, saber que pronto voy a llegar a ser un gran y completo “nadie”.

Y luego pienso en todo lo que he vivido y en que debo de ser optimista. Pero a esta edad no sé si se puede aprender a ser así. Es decir, hace dos años creí que estaba perdiendo la capacidad de ver la vida con mejores ojos, ¡pero carajo! es que siempre he tenido la misma estrecha y monótona mirada perdida, en la cual desafortunadamente nunca ha existido eso que es calificado como optimismo. Es más, ni siquiera comprendo cuál es el pinche significado de esa palabra, tengo noción de lo que es, pero porque conozco la definición que otras palabras todas reuniditas en montones (como de mierda) hacen… pero si pienso en un significado personal, algo que pueda ser representado tangiblemente para mí… pfff, sólo el silencio viene… y ya ni siquiera como una ráfaga de tormento, ni como una noche oscura y lluviosa que se vislumbra acercarse desde el ocaso, ni como una bestia silenciosa que sabes está al acecho y finalmente llegará para devorarte. No, es sólo así, es el silencio en su más puro estado, el silencio sin pendejadas, el silencio sin epilepsias ni embolias ni luxaciones, el silencio sin explicaciones, sin metáforas que adornen y den poder a una frase, a una definición creada de palabras sustentadas en el vacío del lenguaje (por muy contradictorio que esto pueda sonar, me vale pitos), el silencio sin aleluyas ni fatalidades, el silencio sin chalequitos amarillos porque no sabemos si será varón, fémina o maricón.

Date cuenta, si-len-cio... Eso es lo que queda.

Ya ni siquiera siento miedo… y eso creo, sí es para dar miedo…


Y ya, dejémonos de tanta chaqueta mental que no lleva a ninguna parte… hasta aquí

Diario del calavera (lo que sea que eso signifique)



Fecha: indefinida.
Lugar: ¿geograficamente? indefinido.

Los cuartos oscuros, fríos y escabrosos son buenos para pensar, y aun más si en ese cuarto oscuro hay un colchón, esta combinación inexplicablemente permite una dilatación realmente hermosa del pensamiento. Pero el colchón tampoco tiene que ser cualquier maldita pocilga, no. Tiene que ser viejo, lleno de protuberancias incómodas, con resortes sobresalientes como uñas de brujas que agujeren los ya agujerados calzones y si es posible, también la piel... jodido el maldito colchón, si no, no sirve de nada ni el cuarto, ni la oscuridad, ni el frío o lo muy escabroso que pueda parecer, mucho menos el cerebro de quien habite ese lugar.

En lo personal, todo eso me va y me viene igual; yo quisiera tener además el poder de plasmar lo que piense estando sobre ese colchón y en ese cuarto oscuro, al mismo tiempo que no hago nada, pero no puedo, y nunca podré. Eso creo.

Quisiera estar pensando y que todo se escribiera por una máquina que leyera mi mente y redactara lo que lee en ella. Esa máquina no existe, tal vez por eso no he escrito nada; tal vez, a menos que alguien invente algo similar, nunca pasaré de ser más que nada, algun insípido anónimo enamorado de la oscuridad y obviamente de mi colchón jodido y mis calzones agujerados por uñas como de brujas, y mi piel rasgada por uñas como las de ella (¿ella? ¿Ella qué tiene qué ver aquí? chale, siempre encuentra un lugar, un espacio para meter su vagina en mis pensamientos. Esos momentos no siempre son los más adecuados, pero siempre son bienvenidos)…

Maldición. Ahora tengo tanta paz, y eso me perturba…