lunes, 28 de febrero de 2011

cuando no hay remedio... u_u



“-¿y… de qué vives? desde que te conozco no haces… prácticamente nada –dice la chica, medio sonriendo, media enfadada, recostada en la cama de sábanas arrugadas. …El tipo, desnudo, sentado en un sillón rojo que parece devorar a quien lo utiliza, voltea, la mira y se agarra la verga con la mano derecha, comienza a masturbarse, mirándola

-¿qué dices? no te estaba escuchando –le dice con tal parcimonia y con un color de voz tan incongruente…

-no creo que no lo hayas imaginado… pero, tú vas a terminar en un manicomio, o suicidándote. Lo sabes ¿verdad?

El tipo continúa con su trabajo, muy metido con su verga, por decirlo de alguna manera, y con la mirada ineludible y de yunque puesta sobre toda ella, o en ella por fracciones: zapatos, orejas, uñas, grietas, orificios y protuberancias, tal vez sin ese orden especifico; mientras gime, sonríe un poco y observa la excitación que le va provocando. Ella se levanta para acercarse a la ventana y prende un cigarrillo, pero continúa mirándolo con el rabillo del ojo, y la humedad entre sus piernas no la incomoda, y el calorcillo en su vientre le dice que sus muslos pueden temblar y que el latido de todo su cuerpo la puede delatar: imagina que él puede ver su piel escurrir y también su cuerpo dilatarse al ritmo de sus latidos… estrepitosamente, ruidosa.

-Me largo, no tengo nada qué hacer aquí, además tengo una fiesta con amigos que sí están vivos- se dirige a la puerta y cuando está por salir escucha la respiración agitada, mezclada con gemidos mientras él tipo tirado a un lado del sillón rojo eyacula, la dama se detiene un momento para escuchar el final… pero antes de que esto llegue, él interrumpe, ya sin mirarla pero sabiendo que aún está ahí, y con una voz entrecortada intenta gritar
-podría ser alguien decente, pero no valdría la pena, no sería yo… ¿y quién no quisiera ser yo?

Escucha el sonido de la puerta cerrándose, y unos pasos que se alejan excitados, comoquiera que unos pasos excitados puedan sonar al alejarse…”

domingo, 27 de febrero de 2011

Cuando el evangelio se...


Esta mañana despertaré muerto.... y mañana también. Pero al tercer día, sentiré nuevamente la brisa en mi cuerpo, y los vendajes caerán, y la puerta se moverá… toda carne desaparecerá y levitaré para mirarlos diminutos, insignificantes…

Ayer me crucificaron, y me dieron muerte, pero juro por mi padre que regresaré, y el hijo del hombre sentirá mi castigo, recibirá mi ira a cambio de su blasfemia… y mi ira es interminable, como lo es también mi amor…

Y cuando pidan perdón, y supliquen, y miles me alaben, exaltando un nombre, y se crean perdonados, bañados por mi sangre, devorando absurdamente el pan que hacen mi cuerpo… y se digan “hijos”… Poco a poco los seguiré consumiendo, porque mi cólera es imperecedera, y mi furia más violenta que todas las cosas que han visto e imaginado… y llegará a un límite irremediable, pero la agonía será más pesada que el tiempo y así caerá sobre todos y cada uno, y sólo entonces, en su final, podrán conocer apenas un insignificante destello de mi odio…

Y aún así, estúpidamente seguirán profesando su amor por mí a los cuatro vientos… y exclamarán amén… y amén, por los siglos de los siglos... amén.

viernes, 25 de febrero de 2011

martes, 22 de febrero de 2011

Cómo le gusta al sol tu desnudez...


Cómo le gusta al sol tu desnudez… cuando te tiras en el patio sin más prendas que el pudor en una cajita; esos días tan calurosos, tu piel con pequeñas motitas de sudor ardiente, tus ojos apretados bajo esas gafas que te sientan tan mal. Tú, limpia y pura, tú ausente, tú y tus labios, tus labios tan cerrados y tu boca entreabierta, dejando escapar un fulgor como si poseyeras también un sol interior… Asesina.

Porque sí, lo confieso, a mi también me encanta ese increíble montaje natural que tanto te gusta improvisar para toda la vecindad.

lunes, 21 de febrero de 2011

Piel


Te propongo algo. Así, sinceramente y créeme, sin todo ese morbo que pensé tal vez sentiría… 
Quiero que nos contemos las historias de nuestras vidas… sin hablar, únicamente con el tacto… 

Es decir, no me digas ahora que sí, tampoco te niegues con un rotundo "no" que me destrozaría. Pero por favor, quiero que destruyamos el pudor. Tenemos tanto qué decirnos con la piel…

viernes, 18 de febrero de 2011

no existe el hilo negro... no para mí


Texto en borrador:

- Bien, antes que nada, quiero que te sitúes en tu propia realidad… -la mujer guardó silencio, esperando una respuesta, al no obtenerla continuó esperando que el hombre en el sillón, con los ojos cerrados y la quijada relajada no se hubiera dormido ya…
- Joaquín… ¿a qué te dedicas?
- Cuento… -dijo por fin el sujeto, después de una pausa en la que posiblemente luchaba por obligarse a hablar, o tal vez a guardar silencio
- Muy bien… ¿qué es lo que cuentas?
- Todo… es decir… histerias. Perdón, historias…
- Bien… bien Joaquín, ¿y… por qué crees que estás aquí? –insistía calmada y pausadamente la mujer.
El sujeto en el sillón abrió repentinamente los ojos, se quedó tenso. No quería hablar, no quería decir esas palabras que tenían tanto tiempo dando vueltas en su cabeza; creía que si no las pronunciaba, no serían reales, que si las mantenía para sí mismo, aprisionadas en su cabeza, serían sólo eso, ideas absurdas dentro de una mente que poco a poco parecía desmoronarse como… como cualquier cosa que se desmorona, tal vez azúcar.
- Está bien, tómate tu tiempo… tal vez… –y entonces, como quien decide finalmente saltar
- Creo que alguien está contando mi vida. Y… esa persona no soy yo –soltó friamente Joaquín.
Después de esas palabras la doctora siguió hablando, pero él en realidad ya no la escuchaba, o si lo hacía, era como una voz que va desapareciendo a lo lejos, muriendo. Y cerró los ojos apretando los párpados, sintió el aire frío golpeando en su rostro, había una brisa humedeciendo levemente su piel, creyó tambalearse, dudar por un segundo, pero recuperó el equilibrio, extendió los brazos sin abrir los ojos, en realidad no esperaba que hubiera nada para tocar, sólo lo hizo por instinto, suspiró, sintió la sangre correr por sus venas, agolparse en sus sienes, frío en la nuca… y después el vacío.
Y en la negrura de la nada, logró extrañamente entrever algunas letras a lo lejos… de alguna manera pudo acercarse a ellas, o ellas se acercaron a él, hasta que pudo leerlas “y Joaquín regresó a la habitación”. Las palabras desaparecieron a su vista y comenzaron a entrar por sus oídos, por su nariz, por debajo de sus uñas y su piel, sentía cada letra acuchillando su cuerpo desde afuera y desde adentro “…al sillón, con la mujer que le hablaba, y todo era confuso, pero a la vez, e sentía poseedor de una lucidez como nunca lo había imaginado, como quien…”
- Espere, aún no terminamos –le dijo la mujer al ver que Joaquín se levantaba de un salto para salir de la habitación –¡espere!
Pero él no espero. Esa había sido la historia de su vida, esperar…

martes, 15 de febrero de 2011

patrañas, sobre las heridas


Que las heridas que cubren mi cuerpo, y que he recopilado a lo largo de mi vida sean menos dolorosas contigo.

Y es que las heridas coleccionadas son ya demasiadas para el corto trecho andado, y colman no mi espalda, y no mis piernas, no mi pecho ni mi rostro… inundan mi alma, y rebosan de vez en cuando como si de hormigas se tratasen, y fluyen desde mi interior cuando menos lo espero, ya como gotas de ríos salados, ya como mareas púrpuras… y luego, sin más… se detienen. 

Bendito el momento.

Y en un instante (poco socorrido) de lucidez, comprendo que el daño ya está hecho. Que si bien la mayoría de las cicatrices ya han cerrado, no por eso dejarán de doler.

Y como quien ha perdido un brazo, y ese brazo le causa aún dolor… fragmentos que antes he dejado en el camino (o en alguna cama o ropero o baño o etcéteras), algunos por justa convicción, otros arrancados sin permiso… aún me duelen; y no sé por qué lugares traerán algunos trocitos de mi corazón, otros de mi cerebro, ni de mis entrañas cálidas… esos… esos que he perdido en las múltiples batallas (que con cuartel o sin trinchera igual he peleado), y aún son como armas punzantes, que acuchillan, que muelen, que destrozan, que me matan… que me hacen recordar que he vivido y que sigo andando…

Y estas míseras partes de mi recuerdo que van constantemente de mi pasado a mi presente y algunas se aventuran desde hoy ya al incierto futuro, son tan sólo una pequeña parte de mi, una visceral sustancia que también ha sido partícipe de forjarme una existencia.

Hoy estoy dispuesto a compartirme.

Y me es imprescindible asegurar que pretendo seguir sin capa ni espada, con el pecho abierto, y el corazón henchido, andando de frente, fuerte y desnudo, sin mentiras ni hosquedades. Y que todas las heridas venideras se posen donde más les apetezca, que sin pena y con demasiada gloria las acogeré furioso en mi regazo.

Y no espero que toda la basura que he escrito en las líneas anteriores signifique algo más, ni para mí, ni para ti, ni para ellos, ni para los que no lo son.

Únicamente quiero mantener la convicción de que las heridas anteriores, contigo dolerán menos… y si no es así, no me importa; edifiquemos juntos lo que nos dicten tus ojos en mi rostro, mis manos en tu pecho, mis labios en tu cuello,  la piel contra la piel, y una misma alma que perdurará más que nosotros.


"un corazón en lo oscuro"


Mi corazón resbala por las tuberías profundas de tu alma, ya nadie podrá sacarlo, se ha perdido y ya no tiene remedio. La noche cae por encima, pero aquí debajo, siempre está oscuro, y siento frío.
No, yo no, mi corazón.
Por qué no desciendes y le haces compañía, ya lo tienes, ahora no lo dejes solo, llénalo de vida, llénalo de ti.
Márchate si quieres, pero no me dejes.

¿Sabes qué me gustaría?

¿Qué… qué te gustaría?...