Salgo a caminar entre las calles y veo tanta vida y toda apesta, gritos ofertando algo de alegría, algo de ropa y pollo fresco, qué bullicio, nadie se pertenece…
Después regreso aquí, ya sentado frente a mí, alejado del mundo, y una vez más me pienso y me digo a fuerza de lágrima fingida y sonrisa forzada “ah, qué muerte la mía, tan discreta, tan llena de vacíos y de nombres mal recordados, tan ausente de respiros, tan pegada al suelo casi una tumba, tan lejos, tan cálida y húmeda, tan siempre mía”.
Después, después no queda nada, más que continuar.
Arte de Conrad Roset (desconozco el título)

No hay comentarios:
Publicar un comentario