jueves, 30 de junio de 2011

Y que quede claro, no cualquier par de piernas llenan tus medias verdes


No te debí haber leído, tampoco debí ver tu rostro, igual ya es tarde para lamentaciones o conjuros contra los sueños biensoñados.
¿Ahora después de ti qué me queda?
Ya las demás personas me parecerán globos de colores, objetos llenos de aire intentando aparentar cosas, que igual pueden explotar o permanecer tan inertes que parecen muertos, pero vivos, porque tienen aire, carajo.
Soy un despilfarro de deseos y sé que nunca serás tú. Malditos sean estos ojos que se inmiscuyeron donde tu imaginación se dilata y reina por sobre los colores y las aves y las plumas y las recámaras con dos personas y las montañas altísimas casi como la más grande de todo el mundo.
Ya el frío no me sabrá a frío, ni el café me helará los huesos. Creo que comenzaré a transformarme en un espantapájaros, con lo mucho que me gustan los pájaros; de todos modos miento, nunca me han interesado esas cosas con plumas y alas y que vuelan alto. Pero creo que no, no seré un espantapájaros, más bien un espantagente… con lo mucho que me gusta la gente, carajo, otra vez miento, debería de estar agradecido, por fin estaré solo.
Ya no queda nada.
Quedan tus letras.
Ya no quiero nada.
Quiero tus letras…
Te quiero a ti, pero no vienes, como siempre ya es de noche y afuera llueve, adentro también agua de mar. Bendita, que Dios te cuide.

 La pintura es "Devil Child", de Mauree Chatfield


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