Mientras yo, acompañado de un mezcal me preocupo hasta el
insomnio por una palabra tan inigualable como “perspicacia”, tú no duermes
porque tienes que cambiar pañales, y preparar biberones, tener la cena y la cama calientes para discutir con tu
esposo celoso.
(...)
Hace apenas cuatro años que decidiste madurar y cambiar mi
dolorosa ficción por un real sufrimiento.
¿Recuerdas qué te dije para que no te
marcharas? yo no, pero nunca he dejado de pensar en que no dije lo suficiente.
P.D. Lo que gustes querida, a mi no me cuesta nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario