…Gira
su rostro, por un momento mira los edificios a lo lejos y aspira, la punta del
cigarro truena con un estruendo imperceptible para los cuatro oídos que lo
podrían escuchar, se consume dejando cenizas, calentando el resto del cuerpo,
quemándolo. Por fin gira totalmente, recargada en la pared lo mira dejándose
tocar por el ambiente, ve el placer, y a tres metros de distancia lo comparte… Nadie es libre.
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