jueves, 29 de diciembre de 2011

Con la sonrisa pintada



-y esa sonrisa?                 
-es pintada, creo que maté a alguien…



Salgo a caminar entre las calles y veo tanta vida, y toda apesta; gritos ofertando algo de alegría, algo de ropa y pollo fresco, qué bullicio, nadie se pertenece…
Después regreso aquí, ya sentado frente a mí, alejado del mundo, una vez más me pienso y me digo a fuerza de lágrima fingida y sonrisa forzada “ah, qué muerte la mía, tan discreta, tan llena de vacíos y de nombres mal recordados, tan ausente de suspiros, tan pegada al suelo, casi una tumba, tan lejos, tan cálida y húmeda, tan siempre mía”.
Después no queda nada, así que continúo.











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