Quédate. No puedo… Y cuando me decía “no puedo” me abrazaba y
se acomodaba en mi regazo. No tienes que hacerlo, pero me gustaría. No puedo. Insistía,
pero sin apartarse un centímetro…
Desde que entró esa noche observé en sus ojos todas las
preguntas que necesitaba hacerme pero que, por el bien de ambos, dejaría
tiradas a un lado de la cama, junto a su ropa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario