jueves, 15 de diciembre de 2011

Quédate. No puedo...


Quédate. No puedo… Y cuando me decía “no puedo” me abrazaba y se acomodaba en mi regazo. No tienes que hacerlo, pero me gustaría. No puedo. Insistía, pero sin apartarse un centímetro…
Desde que entró esa noche observé en sus ojos todas las preguntas que necesitaba hacerme pero que, por el bien de ambos, dejaría tiradas a un lado de la cama, junto a su ropa.


No hay comentarios:

Publicar un comentario