jueves, 7 de abril de 2011

¿Qué te ganas con mirar únicamente? Me decía al quitarse las bragas


Ella disfrutaba mucho calentándome los sesos y por ende todo mi cuerpecito, y le encantaba hacerlo con palabras y también cuando me mostraba su cuerpo, se mostraba para mí de a poco o de a mucha, siempre sin llegar a ser ofensiva, únicamente lo indispensable… que para mí era más que suficiente

-Y qué te ganas con ver únicamente?! –me cuestionaba cuando yo me ponía feliz como pollito que mira a su mamá, cuando me advertía que no tenía tiempo de quedarse, que sólo había pasado a quitarse las medias y a cambiarse de bragas y bra para irse al gym, o al trabajo, o a casa de sus padre, o a dar clases, o a cualquier cosa, el pretexto era lo de menos

-¿Puedo cambiarme en tu casa? –y yo de inmediato movía la colita como perro y le abría las puertas de mi paroxismo y también las de mi casa, entonces ella pasaba para hacer lo que tenía que hacer.

Y yo lo transformaba todo en un ritual porque atenuaba la luz de mi recámara, encendía cientos de velas imaginarias, encendía la fuente artificial y dejaba que ella escogiera la música, luego me recostaba sobre la alfombra y ella se encargaba de lo demás, unas veces como si yo no estuviera ahí, otras tantas dedicándome una miradita coqueta por aquí, otra pora allá, -¡¿te gusto?! -a veces decía apenas como un susurro, por eso no sé si me estaba preguntando o afirmando...

Ese rito tan hermosamente orgásmico no podía durar más de 5 minutos, 8 tal vez cuando ella se preocupaba por extenderse, aunque era muy puntual la muy bendita y era raro cuando llegaba siquiera a los 7 minutos. Aún así, el tiempo era lo de menos, era ese sin duda el mejor momento de mi día, de toda mi existencia.

Entonces terminaba y normalmente sin decir palabra alguna se marchaba, y yo ahí me quedaba como quién aún tiene en su cerebro residuos de buena hierba y está planeando el aterrizaje…

Yo nunca le respondí a su pregunta de “qué me gano solamente con mirarla”, aunque siempre fue una mujer extraña y hasta cierto punto predecible, cuando se trataba de ser egoísta se ponía seria, aún así siempre cuando cerraba la puerta y escuchaba sus pasitos alejarse, le respondía ahí, tirado aún sobre la alfombra, -mirarte, querida, es sólo el primer paso de una de las mil millones de maneras para detonar mi imaginación, después de verte puedes quedarte y acompañarme, disfrutando los dos de un placer compartido, o puedes marcharte, como siempre lo haces, al final, conmigo es suficiente…

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