Cómo le gusta al sol tu desnudez… cuando te tiras en el patio sin más prendas que el pudor en una cajita; esos días tan calurosos, tu piel con pequeñas motitas de sudor ardiente, tus ojos apretados bajo esas gafas que te sientan tan mal. Tú, limpia y pura, tú ausente, tú y tus labios, tus labios tan cerrados y tu boca entreabierta, dejando escapar un fulgor como si poseyeras también un sol interior… Asesina.
Porque sí, lo confieso, a mi también me encanta ese increíble montaje natural que tanto te gusta improvisar para toda la vecindad.
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