Esta mañana despertaré muerto.... y mañana también. Pero al tercer día, sentiré nuevamente la brisa en mi cuerpo, y los vendajes caerán, y la puerta se moverá… toda carne desaparecerá y levitaré para mirarlos diminutos, insignificantes…
Ayer me crucificaron, y me dieron muerte, pero juro por mi padre que regresaré, y el hijo del hombre sentirá mi castigo, recibirá mi ira a cambio de su blasfemia… y mi ira es interminable, como lo es también mi amor…
Y cuando pidan perdón, y supliquen, y miles me alaben, exaltando un nombre, y se crean perdonados, bañados por mi sangre, devorando absurdamente el pan que hacen mi cuerpo… y se digan “hijos”… Poco a poco los seguiré consumiendo, porque mi cólera es imperecedera, y mi furia más violenta que todas las cosas que han visto e imaginado… y llegará a un límite irremediable, pero la agonía será más pesada que el tiempo y así caerá sobre todos y cada uno, y sólo entonces, en su final, podrán conocer apenas un insignificante destello de mi odio…
Y aún así, estúpidamente seguirán profesando su amor por mí a los cuatro vientos… y exclamarán amén… y amén, por los siglos de los siglos... amén.
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