Que las heridas que cubren mi cuerpo, y que he recopilado a lo largo de mi vida sean menos dolorosas contigo.
Y es que las heridas coleccionadas son ya demasiadas para el corto trecho andado, y colman no mi espalda, y no mis piernas, no mi pecho ni mi rostro… inundan mi alma, y rebosan de vez en cuando como si de hormigas se tratasen, y fluyen desde mi interior cuando menos lo espero, ya como gotas de ríos salados, ya como mareas púrpuras… y luego, sin más… se detienen.
Bendito el momento.
Y en un instante (poco socorrido) de lucidez, comprendo que el daño ya está hecho. Que si bien la mayoría de las cicatrices ya han cerrado, no por eso dejarán de doler.
Y como quien ha perdido un brazo, y ese brazo le causa aún dolor… fragmentos que antes he dejado en el camino (o en alguna cama o ropero o baño o etcéteras), algunos por justa convicción, otros arrancados sin permiso… aún me duelen; y no sé por qué lugares traerán algunos trocitos de mi corazón, otros de mi cerebro, ni de mis entrañas cálidas… esos… esos que he perdido en las múltiples batallas (que con cuartel o sin trinchera igual he peleado), y aún son como armas punzantes, que acuchillan, que muelen, que destrozan, que me matan… que me hacen recordar que he vivido y que sigo andando…
Y estas míseras partes de mi recuerdo que van constantemente de mi pasado a mi presente y algunas se aventuran desde hoy ya al incierto futuro, son tan sólo una pequeña parte de mi, una visceral sustancia que también ha sido partícipe de forjarme una existencia.
Hoy estoy dispuesto a compartirme.
Y me es imprescindible asegurar que pretendo seguir sin capa ni espada, con el pecho abierto, y el corazón henchido, andando de frente, fuerte y desnudo, sin mentiras ni hosquedades. Y que todas las heridas venideras se posen donde más les apetezca, que sin pena y con demasiada gloria las acogeré furioso en mi regazo.
Y no espero que toda la basura que he escrito en las líneas anteriores signifique algo más, ni para mí, ni para ti, ni para ellos, ni para los que no lo son.
Únicamente quiero mantener la convicción de que las heridas anteriores, contigo dolerán menos… y si no es así, no me importa; edifiquemos juntos lo que nos dicten tus ojos en mi rostro, mis manos en tu pecho, mis labios en tu cuello, la piel contra la piel, y una misma alma que perdurará más que nosotros.
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