Fecha: indefinida.
Lugar: ¿geograficamente? indefinido.
Los cuartos oscuros, fríos y escabrosos son buenos para pensar, y aun más si en ese cuarto oscuro hay un colchón, esta combinación inexplicablemente permite una dilatación realmente hermosa del pensamiento. Pero el colchón tampoco tiene que ser cualquier maldita pocilga, no. Tiene que ser viejo, lleno de protuberancias incómodas, con resortes sobresalientes como uñas de brujas que agujeren los ya agujerados calzones y si es posible, también la piel... jodido el maldito colchón, si no, no sirve de nada ni el cuarto, ni la oscuridad, ni el frío o lo muy escabroso que pueda parecer, mucho menos el cerebro de quien habite ese lugar.
En lo personal, todo eso me va y me viene igual; yo quisiera tener además el poder de plasmar lo que piense estando sobre ese colchón y en ese cuarto oscuro, al mismo tiempo que no hago nada, pero no puedo, y nunca podré. Eso creo.
Quisiera estar pensando y que todo se escribiera por una máquina que leyera mi mente y redactara lo que lee en ella. Esa máquina no existe, tal vez por eso no he escrito nada; tal vez, a menos que alguien invente algo similar, nunca pasaré de ser más que nada, algun insípido anónimo enamorado de la oscuridad y obviamente de mi colchón jodido y mis calzones agujerados por uñas como de brujas, y mi piel rasgada por uñas como las de ella (¿ella? ¿Ella qué tiene qué ver aquí? chale, siempre encuentra un lugar, un espacio para meter su vagina en mis pensamientos. Esos momentos no siempre son los más adecuados, pero siempre son bienvenidos)…
Maldición. Ahora tengo tanta paz, y eso me perturba…
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