Y es que a veces me preocupo por todas esas novias que no conocí, por toda esa gente que no existe, me obsesiono tanto por todos esos problemas que no han llegado (y por tener también la certeza de que no llegarán), me preocupo por los exadromitos, sí, esos extraños seres llenos de lenguas que nunca existirán y obviamente por sus depredadores naturales, las poderosas y asesinas inrrariquiesteras; me inquieta ese segundo rostro que no me está saliendo en el estómago, también el segundo 61 de cada no minuto… me quedo tan intranquilo y se me destroza el alma al recordar que he dejado un reino sin su Rey al decidir venir a estar con ustedes…
Incluso, y esto me turba admitirlo, me quema el recuerdo de todos esos días en el manicomio que irremediablemente han venido a marcar de forma fatídica el resto de mi existencia, esos envenenados días atado de pies y manos y boca y ojos y cara y tripas… esos días que muy a mi pesar, nunca sucedieron…
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